Nutrición
Lily Reyes
Mi trayectoria nutricional ha sido larga; crecí comiendo mucho en McDonald’s y comida china para llevar. En 2005, empecé a dejar la comida rápida para pasar a una alimentación saludable y consciente. Por aquel entonces, creía que lo sabía todo: pensaba que el pan de trigo era mejor que el pan blanco, o que los embutidos eran saludables. No fue hasta 2011 cuando descubrí qué era el jarabe de alta fructosa y que, en realidad, los embutidos contienen sustancias cancerígenas. Empecé a eliminar todo eso de mi dieta y, hasta el día de hoy, sigo leyendo siempre con atención todas las etiquetas en el supermercado. Irónicamente, ese mismo año descubrí que tenía un fibroma uterino benigno del tamaño de un melón. Eso me llevó a un nivel aún mayor de consumo consciente de alimentos y empecé a eliminar o reducir los alimentos o carnes que contuvieran hormonas y esteroides. Pero no me malinterpretes: sigo disfrutando un poco de la vida y como pizza, patatas fritas y helado.
Hoy, como mujer embarazada, soy aún más cautelosa con lo que consumo. Uno da por sentado inmediatamente que las elecciones nutricionales de la madre influyen de manera decisiva en la salud tanto de la madre como del bebé. Sin embargo, a pesar de todos estos años de alimentación saludable, seguía teniendo muchas dudas sobre lo que debía y no debía comer durante el embarazo. Durante mi experiencia personal con el embarazo, me he dado cuenta de que me apetece un pomelo cada mañana antes del desayuno y una pera como tentempié nocturno. Así que tuve que asegurarme de que fuera seguro, y resultó que sí lo era.
Esta compleja interacción entre la vida y la medicina puede culminar en el parto, pero constituye una parte fundamental de toda la atención obstétrica. Un embarazo saludable va más allá de la consulta, la sala de ecografías o la sala de partos. Para la mayoría de las pacientes, el embarazo es un momento decisivo que aúna no solo el historial médico, sino también la experiencia vivida, en un periodo de tiempo concreto.
La verdad es que ayudar a traer al mundo a los bebés es el mejor trabajo del mundo. Acompañar a las pacientes a lo largo de embarazos complejos, como especialista en medicina materno-fetal, hace que esta labor resulte aún más gratificante, tanto a nivel personal como intelectual. Pero el privilegio de estar presente en este momento tan trascendental conlleva un gran esfuerzo y una enorme responsabilidad.
Mi interés inicial por Modelo fue ayudar a tender un puente entre pacientes y profesionales sanitarios. Considero que la aplicación es una forma de llamar la atención sobre cuestiones de alto riesgo —médicas y de otro tipo— que pacientes y profesionales deben abordar para lograr «mi» plan de parto. En muchos sentidos, Modelo es un plan de parto que evoluciona a lo largo de tu embarazo. Una forma de ayudar a conseguir no solo el «trío obstétrico» —una madre sana, un bebé sano y un parto vaginal—, sino de hacerlo de una manera que reconozca que tu salud va mucho más allá de lo que ocurre dentro del hospital.
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